A P I E   I n f o r m a

Boletín periódico bimensual | Número 07 - Octubre de 2009
Eficiencia Energética.  Su importancia y necesidad.


Nuestros planificadores no conciben que un crecimiento económico puede darse sin un incremento proporcional del consumo energético.

 Esto puede lograrse con medidas de eficiencia energética.

 

 

 

 

Los efectos derivados del uso de la energía (iluminación, calefacción, transportación,  refrigeración, conservación y cocción de alimentos, aplicaciones industriales y de servicios, esparcimiento, etc.), a los que la vida moderna nos ha habituado, se obtienen de los recursos primarios que la naturaleza nos ofrece, a través de los procesos de conversión con los que se obtienen los vectores energéticos que utilizamos cotidianamente.

La existencia de una correlación directa entre la calidad de vida de los integrantes de una sociedad, y el uso de energía per cápita de la misma, hace que la pretensión de limitar su desarrollo sea previsiblemente inviable.

Históricamente el comienzo del rápido desarrollo del uso de la energía coincide con la invención y construcción de las máquinas térmicas que permitió disponer de energía mecánica sin recurrir a animales o seres humanos, y con ello la revolución industrial, hace alrededor de dos siglos atrás. En aquella época, las grandes reservas conocidas de combustibles fósiles hicieron que se considerara que los mismos eran abundantes, baratos, y que el impacto ambiental que su uso producía era despreciable ante la inmensidad del Planeta. Estos conceptos constituyeron los paradigmas energéticos y ambientales de la época, los que minimizaron las consideraciones de la eficiencia energética en las decisiones que se tomaron.

Pero el progreso de la civilización ha conducido a consumos de energía rápidamente crecientes. Paralelamente, las consecuencias negativas de las actividades que contribuyen al abastecimiento de sus formas utilizables (reducción o agotamiento de las reservas de recursos no renovables, contaminación, alteraciones de los ecosistemas, etc.) se han incrementado hasta llegar a niveles cada vez más preocupantes. Es indudable que los paradigmas energéticos y ambientales de comienzos de la revolución industrial ya no son válidos en la actualidad; es mas, son diametralmente opuestos a aquellos.

Estos procesos, en especial los convencionales basados en combustibles fósiles, producen efectos indeseables al medio ambiente desde el momento de la prospección de los recursos primarios a procesar hasta su utilización final en las instalaciones necesarias, desde el inicio de su construcción hasta la desactivación de las mismas al finalizar su vida útil.

Se trata pues, de un camino sin retorno, que define con claridad la magnitud del desafío que debe afrontar la comunidad científica y tecnológica en este tema de vital importancia: suministrar energía para satisfacer los anhelos y necesidades de todas las personas en forma segura y accesible, sin afectar la habitabilidad del planeta.

En este escenario, el Uso Racional de los Recursos Energéticos, o sea la producción del efecto deseado con el mínimo consumo de recursos y afectación del medio ambiente, se impone como un primer concepto cuya necesidad y aplicación resultan imperiosas, y que debería evolucionar aún más en la medida en que los factores mencionados lleguen a una criticidad próxima al limite de lo aceptable, requiriéndose un enorme esfuerzo en el desarrollo de tecnologías de sustitución y otras, si se desean mantener los estilos de vida que hoy se conocen como modernos.
La percepción de la evolución de los paradigmas se produce a partir de las crisis petroleras de los años 1973 y 1978, en los que los países productores de petróleo incrementaron los precios de este recurso significativamente. Los países fuertemente industrializados, la mayoría de ellos carentes del recurso en su territorio sufrieron los efectos de estos aumentos, y lo respondieron con medidas de eficiencia energética, obteniendo notables logros. En la figura 1 (arriba), se muestra el diagrama tipo Sankei de la matriz energética de los Estados Unidos de Norte América en el año 1978, publicado por un suplemento dedicado al tema de la energía por la revista National Geographic. Como se observa, el consumo de recursos energéticos fue de 79 Quads, para un uso efectivo de solo 28 Quads.  

[1 Quad = 1 quadrillon BTU/año = 25,1 TEPs/año aprox.; nuestro consumo es menor que 4 Quads].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la Figura 2 se muestra el gráfico de la evolución de la matriz energética de Europa desde el año 1971 hasta el 2005, en el que se aprecia que en 2005, el estrato de mayor magnitud es el superior de color verde, denominado de “negajoules”o sea consumos negativos o ahorros respecto a lo que hubieran consumido si no hubieran eficientizado sus consumos, siendo el consumo en tal caso el representado por la línea superior del estrato verde, línea denominado “business as usual”. El consumo real de los europeos es el correspondiente a la línea inferior del estrato de color verde, que muestra un incremento poco significativo de su consumo de recursos energéticos en el período. El indicador de eficiencia denominado “Elasticidad de la intensidad energética de la economía” definido como la relación entre el incremento anual del consumo energético y el correspondiente incremento de su actividad económica medido como PBI (o GDP, gross domestic product) resulta del orden de 0,65, mientras que el de Argentina en un período similar resultó del doble o mayor (Barreiro, E. 2005), sin que se observen acciones o mayores preocupaciones por el deficiente tratamiento de la problemática por parte de los funcionarios responsables de la conducción de la Sociedad en materia energética, ni de la sociedad en general. En efecto, a pesar de los resultados obtenidos por los europeos hasta 2005, su plan de acción 2005 – 2020, apunta a una reducción del 20% de su consumo anual de recursos energéticos en 2020 respecto a 2005 sin que esto implique una reducción del nivel de vida de sus habitantes, lo que contrasta con los conceptos que sostienen nuestros planificadores, que no conciben que un crecimiento económico puede darse sin un incremento proporcional del consumo energético. Esto no es así, si se la acompaña con medidas de eficiencia energética posibles, aunque quizás no fáciles ni espontáneas. Lo preocupante es que ni siquiera se lo ha intentado más que invocando a la cooperación foránea, a veces no exentas de intereses comerciales. Una acción de cooperación que implicara capacitar a nuestros estudiantes, profesionales o técnicos a estar en condiciones de resolver nuestros propios problemas debería ser bienvenida, mientras que seminarios o eventos similares, en los que los expositores se orientan a mostrar sus experiencias o trayectorias se aproxima más a una acción comercial.
Pero esta consideración no implica que pueda cuestionarse eventos de este tipo, sino que el cuestionamiento debe dirigirse a nosotros mismos. En efecto, si nuestro aparato científico, académico y tecnológico no logra dar a nuestros jóvenes la capacitación necesaria para que ellos puedan competir y deseablemente superar brindando soluciones mejores que los técnicos foráneos, (lo que es posible dado el carácter específico de este tipo de proyectos, y si se procura lograr la solución de excelencia en cada caso). Ellos apuntarán a ocupar el espacio vacío que estemos exhibiendo.

En este contexto, y dado que el tema “Eficiencia Energética en Sistemas Térmicos” constituye un área de vacancia en muchas de nuestras Universidades, resulta sumamente adecuada la línea de trabajo propuesta por el Ministerio de Ciencia y Tecnología al CIN de incluir entre los temas de prioridad para nuestro País los temas “Eficiencia Energética” y “Energías Renovables”, que en este caso coordina la Universidad del Comahue. Sería no solo deseable sino altamente prioritario que estos temas en sus aspectos técnicos fueran rápidamente tratados por grupos de trabajo, existentes o a formar de las Facultades de Ingeniería. Estos grupos deberían interactuar entre ellas para compartir y acrecentar los conocimientos sobre estos temas en todo el País, con el objetivo de formar adecuadamente a nuestros futuros profesionales.  Y de esta forma evitar que se continúen tomado decisiones técnicamente cuestionables como las que vemos a menudo en los medios de comunicación y que responden a paradigmas del pasado, o mostrar debilidades que alienten a organizaciones foráneas a tratar de capturar las enormes oportunidades de actualizar nuestros conocimientos, equipos y sistemas.

Ing.Mec. Elec. Alberto Fushimi
alberto.fushimi@gmail.com


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